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Protocolarte

Hace tiempo descubrí el protocolo por amor al arte. Fue trabajando en un palacio, sí, sí, digo bien, en un palacio. El denominado por los poetas “palacio de la alegría” o “casa de regocijo” y que hoy conocemos como Palacio de la Aljafería. Morada de reyes musulmanes y cristianos, sede de la inquisición, fortaleza y cuartel militar. Un edificio que rebosa historia y arte, hoy convertido en sede de las Cortes de Aragón.

Durante unos años, como historiadora del arte, explicaba a quienes venían a visitarnos lo que allí aconteció, mostrando la belleza de lo que todavía permanece. Allí fui consciente de que aquellos escenarios, testigos de innumerables actos y ceremonias, seguían manteniendo su esencia. En su momento acogieron ceremonias organizadas según sus moradores, que respondían a los gustos y exigencias de cada época. Ceremonias, actos y eventos que hoy se siguen celebrando, adaptándose a una nueva realidad pero que…

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