Media training, por favor.

En los últimos 6 meses, la administración federal del presidente Andrés Manuel López Obrador y su gabinete se ha visto enfrentada en situaciones poco favorecedoras por una mala gestión de comunicación de los titulares ante preguntas expresas de los reporteros y medios, así, por ejemplo, tenemos el caso de la titular del  Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) Elena Álvarez Buylla quien ha tenido que despedir al entonces subdirector de comunicación del Conacyt, David Alexir Ledesma por un tema de falta de preparación, o bien, por el caso reciente del apoyo en presupuesto para un comedor gourmet para colaboradores, con un costo de 15 millones de pesos y que son un exceso ante el evidente recorte a las becas, apoyos y viajes de estudiantes y colaboradores.  El escándalo se hizo más evidente ante la poca preparación para responder con argumentos y bases sólidas la razón de ser este servicio.

Así como este caso cada día se suceden otros que quizá no escalen o lo hagan más tarde, pero que pone en entredicho la preparación de los titulares y sus equipos de comunicación.

También es cierto que en este cambio de régimen presidencial el hartazgo de los ciudadanos y la mirada cada vez más profunda de los medios hacen que la comunicación y la forma de hacerlo sea cada vez más compleja. En media training lo cierto es que no hay una receta efectiva para procurar una relación cordial, respetuosa y objetiva, pero sí hay pasos  que pueden ayudarnos a evitar caer en situaciones complejas que luego pueden escalar y convertirse en escándalos o crisis.

Recordemos que cualquier medio tiene como premisa investigar, cuestionar, analizar; para luego informar a la opinión pública. Las dependencias y sus titulares deberían tener como base, en el tema de la comunicación social, el elaborar mensajes que conecten con sus públicos, de forma congruente, sin improvisaciones y, sobre todo, bajo los ejes rectores de sus planes de trabajo. En pocas palabras la imagen de un gobierno se construye en función de los mensajes y de cómo estos son dados a la población.

Si bien es cierto que no todos contamos con las habilidades de expresión verbal  como quisiéramos o como muchos más las tienen, lo cierto es que con un entrenamiento constante es posible desarrollar un musculo que permite gestionar de forma satisfactoria cualquier tipo de entrevista, pregunta o intervención de los medios.

Por ello, es fundamental que el área de comunicación social de la presidencia de la república, en este carácter unificador, presente y prepare programas de formación para los titulares, la percepción es que están pero no figuran y eso, en gestión pública, es una losa.

La falta de planeación, capacitación y de información, por supuesto, genera crisis que pueden contenerse, y que hasta ahora han sido contenidas por la aprobación que del presidente tienen los ciudadanos, pero la pregunta es ¿Hasta cuándo aguantará el gobierno?

Fantasía y realidad, el mundo de las encuestas.

Pensaba este título mientras revisaba las encuestas que distintas casas y empresas han dado a conocer en los últimos días y, también, mientras leía los comentarios de quienes están a favor, de quienes están en contra y de quienes, los más, queremos los cambios; queremos los hechos no las historias ni las fantasías que en estos últimos meses parecen ser el tema central de toda estrategia política de la actual administración federal.

Comencemos por lo primero: la popularidad de AMLO. Es innegable que el presidente comenzó su sexenio con un alto índice de aprobación, a su persona, claro, pero que le permitió, durante los primeros meses, abanderar causas y establecer acciones que no fueron populares pero que en el día a día lo mantuvieron en las marquesinas y titulares de casi todos los medios.

Su amplio bono democrático le ayudó, hasta ahora, a  permanecer inmune a las críticas y al cambio de opinión, ahora, en mayo, vemos que los números con que empezó el presidente, 74% de arranque, ahora han bajado al menos entre 9 y 10 puntos, una caída que parece normal en todo inicio de gobierno, aunque  en este caso, los factores, mas allá de los estacionales, podrían ir mas allá, ser de fondo más que de forma. Es decir, ahora la ciudadanía cuestiona los resultados, las acciones, los hechos del gobierno en sus primeros 5 meses, donde el tema de las reformas educativa y laboral, la guardia nacional y el creciente, sí, creciente aumento en la delincuencia parecen empezar a mellar en el blindaje social que AMLO tiene, aunque también hay que reconocer que para los encuestados los atributos de la personalidad del presidente se mantienen intactos como la imagen de  honestidad, sencillez y responsabilidad.

Pero hay un tema de fondo que se ha convertido ya en un problema, y es la constante, por no decir diaria, polarización presidencial, donde “protege” a quien lo alaba, y “ataca” a quien disienta de él, con razón o sin ella. Ya lo decía el NY Times: “el nuevo México que afirma estar construyendo (AMLO) se parece mucho al viejo México que juró dejar atrás”.

Vemos entonces, en la narrativa cotidiana un uso excesivo de las parábolas y  del uso del término “cambio”, aunque esto parezca solo estar en los discursos  y no en las realidades, donde las cosas no parecen haber cambiado como lo ve el presidente  y su equipo.

Sin embargo, gran parte del apoyo del ciudadano es real porque también es cierto que AMLO ha sido un presidente cercano a aquellos sectores que históricamente han sido descuidados por pasadas administraciones, y que a diferencia de estas, ahora otorga mayores recursos, muchas veces a fondo perdido,  y becas y apoyos para todo aquel  que lo pida.

¿Qué debería entonces pasar?  Entre los hechos reales y los hechos “alternativos” el presidente y la sociedad deben, cada uno en su ámbito, preservar las instituciones, escuchar las voces de aquellos que opinan diferente y sobre todo, construir un México real, donde la “post verdad”, el circo “mediático” y el simple relativismo no marquen las agendas y por lo tanto, no sean los cimientos de las realidades.

—- Publicado originalmente en https://www.alcaldesdemexico.com/de-puno-y-letra/cuando-los-cuentos-terminan-las-realidades-afloran/ el 14 de mayo de 2019.

#Protocolo a seguir para incinerar la bandera de #México.

Si una Bandera se encuentra deteriorada y es necesario remplazarla se debe acatar lo que marca el artículo 54 (bis) de la Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales” Cuando se requiere destruir alguna réplica de la Bandera Nacional, se hará mediante la incineración, en acto respetuoso y solemne, de conformidad con las especificaciones que el reglamento correspondiente determine.

a) El maestro de ceremonias deberá ordenar a los asistentes “Saludar” (si hubiera banda de guerra, el corneta de órdenes deberá dar la misma instrucción). Todos los asistentes deberán atender la instrucción del saludo civil.

b) El sargento de la escolta ordenará al abanderado un paso al frente, antes de que a él le entreguen la bandera,

c) Para entregarla al abanderado de la escolta, solamente extenderá los brazos.

d) El sargento ordenará a los integrantes de la escolta “Saludar”

e) El abanderado introducirá el regatón (parte baja del asta) del asta en la cuja y mantendrá la bandera con la mano derecha a la altura del hombro, procurando que quede un poco inclinada hacia adelante y llevará la mano izquierda al costado con un movimiento enérgico.

f) El sargento de la escolta ordenará a los demás integrantes la posición de “Firmes”. g) Inmediatamente se ordenará cubrir abanderado, dando un paso al frente los demás integrantes de la escolta.

h) El que entregó la bandera, se retirará por cualquiera de los flancos, previo saludo a la bandera.

i) Posteriormente la escolta inicia su recorrido en el lugar donde se realiza la ceremonia (si hubiera banda de guerra, ésta tocará “Bandera”).

j) Cuando la escolta realiza su recorrido frente a las autoridades y los presentes, ésta se colocará en un lugar previamente definido.

k) Enseguida el maestro de ceremonias anunciará el acto de incineración de bandera y el abanderado moverá tres veces de derecha a izquierda la Bandera Nacional, en señal de despedida. Luego con la ayuda de un sexto integrante de escolta (su propia escolta o personal designado), ayudará al abanderado a retirar la Bandera Nacional del asta, para que se entregue la bandera que se va a incinerar junto con el historial de la bandera, (en ese historial tendrá que explicar la trayectoria que ha tenido esa bandera) a la máxima autoridad que esté presente en esa ceremonia.

l) La máxima autoridad (escolta o personal designado) colocará la bandera junto con el historial en el pebetero para su incineración.

m) Si hubiera banda de guerra, el corneta de órdenes indicará “Toque de silencio” y el maestro de ceremonias dará lectura a la copia del historial de la bandera.

n) Enseguida la máxima autoridad educativa hará el abanderamiento a la escolta y tomará la protesta. “Ciudadanos (o jóvenes, niños, alumnos, o la indicación nominativa que corresponda de la organización o institución, sindicato, etc.): Vengo, en nombre de México, a encomendar a su patriotismo, esta Bandera que simboliza su independencia, su honor, sus instituciones y la integridad de su territorio. ¿Protestan honrarla y defenderla con lealtad y constancia?” Los componentes de la organización o institución contestarán: “Sí, protesto”. El encargado proseguirá: “Al concederles el honor de ponerla en sus manos, la Patria confía en que, como buenos y leales mexicanos, sabrán cumplir su protesta”.

o) A continuación se entregaran las Banderas a los encargados de llevarlas a las escoltas.

p) Ya que le hayan entregado la bandera a la escolta, esta iniciará su recorrido en el lugar donde se realiza la ceremonia (si hubiera banda de guerra, ésta tocará “Bandera”) y se colocará en un lugar previamente definido.

q) Posteriormente se entona el Himno Nacional (en posición de “Firme”).

r) Al término del Himno Nacional, el maestro de ceremonias deberá ordenar a los asistentes “Saludar”, (si hubiera banda de guerra, el corneta de órdenes deberá dar la misma instrucción). Todos los asistentes deberán atender la instrucción del saludo civil.

s) La escolta realizará nuevamente el recorrido para trasladar la bandera a su nicho (si hubiera banda de guerra ésta tocara “Bandera”).

t) Cuando la escolta vaya a entregar la bandera a la autoridad correspondiente, el sargento de la escolta indicará al abanderado un paso al frente; acto seguido ordenará a su escolta “Saludar” esperará el saludo de la autoridad, realizándose la entrega y recepción de la siguiente forma: El abanderado sacará el asta de la cuja, manteniendo la mano derecha arriba y la izquierda abajo para entregar, la colocará al frente y diagonal a la derecha con la punta del asta hacia la derecha y extenderá los brazos. El que reciba colocará la mano izquierda sobre el nivel de la derecha del abanderado, para tomar la bandera en brazada y retirarse por cualquiera de sus flancos o media vuelta y depositarla en su nicho.

u) El abanderado al entregarla inmediatamente pasa a la posición de saludo. El sargento de la escolta ordena “Firmes” y cubrir abanderado. En este momento el maestro de ceremonias también ordena “Firmes” para todos los asistentes, igual se procederá por el corneta de órdenes, su hubiera banda de guerra.

v) Por último, la escolta rompe formación en su lugar o avanzar por columna.

Programa sugerido

Cuando una Bandera se ha deteriorado se procederá a su destrucción mediante este acto (Art. 54 Bis, LEBHN)

1. ARRIBO DE AUTORIDADES E INVITADOS ESPECIALES

2. HONORES A LA BANDERA NACIONAL

3. PRESENTACIÓN DEL PRESÍDIUM

4. MENSAJE DEL SIGNIFICADO DEL ACTO DE INCINERACIÓN DE BANDERA

5. ACTO DE INCINERACIÓN DE BANDERA

6. ENTONACIÓN DEL HIMNO NACIONAL

7. CONCLUYE LA CEREMONIA

MENSAJE SOBRE EL ACTO DE INCINERACIÓN

“La incineración se rige bajo el Artículo 54 bis de La Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales. La Bandera Nacional que haya sufrido un deterioro debe sustituirse”. “Las cenizas de esta bandera deberán ser resguardadas o enterradas como un simbolismo de regreso a las entrañas de la Patria. La Bandera Nacional es un objeto sagrado, que incinerado y transformado en polvo vuelve a sus orígenes”. “El emblema nacional al ondear libre nos recuerda lo más hermoso de nuestra patria, superior, excelsa, que nos unifica y obliga por igual y a la cual todos nos debemos. Al unísono decimos adiós a las cenizas que regresan a la tierra, quien con amor las toma en su regazo. Así piensa el pueblo de México de sus símbolos patrios”.

Con información del sitio
http://www.hgo.sep.gob.mx/content/convocatorias/estrategiaHEH/ANEXO_12_PROTOCOLO_INCINERACION_Y_ABANDERAMIENTO.pdf

Entre la percepción y la realidad

Hoy más que nunca la frase “Percepción es realidad” ha perdido significado en el escenario político y público actual. Entre “lo que es”, “lo que parece ser” o “lo que quiere ser” hay un mundo de diferencia, y cada vez se hace más evidente esta brecha, sobre todo en la comunicación oficial de la Presidencia de la Republica.

Cada mañana los mexicanos nos vemos sorprendidos por pronunciamientos y declaraciones del Presidente López Obrador en sus ya rutinarias conferencias “mañaneras” que minutos más tarde o en el transcurso del día son  desmentidas, explicadas, cambiadas o interpretadas en función del interlocutor y su interés  e intención. Así, pasamos de las declaraciones del Secretario Javier Jiménez Espriú diciendo que no hubo casos comprobables de corrupción en el NAICM, cancelado por López Obrador como parte de sus compromisos de campaña con el respaldo de unos cuantos miles de encuestados en su primera “consulta popular” que se hizo, además, cuando el Presidente aún no juraba al cargo, y con evidentes fallas, y que en días recientes el mismo AMLO contradijo y desmintió la declaración de Jiménez Espriú diciendo que sí hay corrupción y que eso es más que evidente y sin más pruebas que su palabra, el caso se cierra.

Este ejemplo representa el gran poder que el Presidente ha logrado a través de sus cotidianas intervenciones , donde el uso de simbolismos y el uso de figuras “malas y poderosas” a quien puede achacar las fallas y autorías, la “mafia del poder” nunca se fue y sigue “operando”, son una constante.

Así pues, la percepción general es la de un presidente que va bien y cumple, aunque la realidad, oculta entre las redes sociales y la propaganda  sugiere otra cosa. Lo cierto es que las cosas se pueden hacer mejor y ser comunicadas de forma más eficiente.  La evidente separación entre la percepción de la población afín al presidente y aquellos que con, así como algunos grupos sociales, empresariales y políticos se hace cada vez más grande y profunda.

Todo esto no es casualidad, detrás de esta “separación entre la percepción y la realidad” hay un equipo que ha sido capaz de crear estrategias de propaganda y no de comunicación social propiamente dichas.  El mínimo uso de argumentos  racionales y la sobreutilización de emociones y sentimientos  en sus dichos y declaraciones son brutales, logrando llevar la conversación por caminos llenos de subjetividad y hasta cierto grado, de divinidad (ellos, los ricos, los que piensan diferente son  los malos, nosotros, el pueblo, los que vamos a misa, los que nos portamos bien, somos los buenos).

El gran problema de tener entonces una presidencia propagandística y no una presidencia estratégica es que en realidad  tenemos un presidente y no un gobierno, y por lo tanto, los datos duros, los reales, las estadísticas, los números que no mienten y no tienen color o sentimientos, pasan a segundo término, a segundo plano, por debajo de lo que creemos y  suponemos, pero la culpa no es solo del presidente,  la responsabilidad de ello es compartida; como sociedad debemos ser más activos, investigar, contrastar fuentes, sin apasionamientos, sin rasgaduras, y quizás, solo quizás, un día la realidad sea igual a la percepción y viceversa.

Gobernar desde la popularidad y las encuestas

Por Felipe Reyes Barragán

En los últimos sexenios hemos visto cómo los instrumentos tipo encuestas han servido para legitimar las acciones de los gobiernos y, sobre ellas plantear, muchas veces, medidas o políticas que en otro contexto pudieran no ser fáciles de realizar. Es decir, si el  titular o funcionario goza de un alto nivel de aceptación entre los ciudadanos, entonces es buen momento para aplicar alguna acción que pudiera ser no popular, pero, que con un alto nivel de respaldo, puede pasar casi desapercibida y entonces y hasta celebrada y defendida por los simpatizantes sin que no haya un costo político.

En México, el Presidente Andrés Manuel López Obrador, con base a las encuestas del periódico Reforma, El Financiero y la casa encuestadora Consulta Mitofsky, aparece situado con un 75% a un 87% de aprobación, interesante además saber que  en los primeros tres meses del año, el  índice se mantiene o incrementa hasta en un punto porcentual.

Independiente de esta popularidad, recordemos también que el capital político con el que el tabasqueño comenzó su mandato fue de 30  millones de votantes mexicanos,  ganando así de forma contundente y sin duda alguna, las elecciones. De esta manera, este capital le ha ayudado en sus primeros casi 4 meses a obtener el respaldo de sectores de la ciudadanía, que a pesar del desencanto, en general, de la política, tienen altas expectativas hacia la gestión del presidente, motivado por varios factores, por ejemplo, la narrativa, el poder de las acciones simbólicas que ha tomado (cancelación NAIM, venta del avión presidencial, bajarse sueldo, etc.) y su  permanente exposición en los medios a través de las mañaneras, que han creado la percepción de que es un presidente en “acción” en permanente movimiento y con alta intensidad, aunque los resultados claros y contundentes no han sido los esperados,  sin que esto afecte la percepción de un alto porcentaje de mexicanos que tienen de él (AMLO), números de aprobación no vistos en los últimos sexenios.

Ahora, ¿es posible gobernar un país solo con los altos porcentajes de aprobación y las encuestas que así lo demuestran?

Si bien solo han pasado un poco más de 113 días y no podemos esperar cambios contundentes, lo cierto es que estos primeros meses los resultados positivos han sido bajos o nulos, y los yerros  y equivocaciones han sido la constante por no decir la mayoría. No ha pasado un día donde no se dé una nota de una fallida estrategia o error en diversos espacios y ámbitos, donde después de un par de horas son corregidas o desmentidas o borradas, pero esas acciones quedan grabadas en la memoria colectiva y, sobre todo, queda un rastro en redes sociales donde luego queda la captura que evidencia la falla o error.

La realidad es que muchas acciones que en el pasado fueron recriminadas (influyentismo, amiguismo, opacidad,  desinterés, etc) siguen estando presentes hoy en día, desde las nominaciones y posterior designación de perfiles no idóneos o con conflictos de interés evidentes, hasta licitaciones a modo, sin concurso, o compras sin evidencias (pipas) entre muchas cosas más.

Si bien es cierto es que a pesar de estas omisiones, el presidente y su grado de aceptación se mantiene, pero definitivamente no se puede gobernar en función de la popularidad, no basta con ser el presidente “más” popular para poder llevar a salvo las acciones propias de un mandatario.

Lo cierto es que gobernar para quedar bien es el camino más directo y rápido para el fracaso, no solo de él, sino del país,  pues el arte de hacer gobierno implica, en muchas de las ocasiones, tomar medidas impopulares que no serán bien recibidas y también, hay que entender, sobre todo en la presidencia, que se gobierna para todos, no solo para los que votaron a favor, sino para aquellos que no coinciden ni concuerdan con la plataforma política de López Obrador,  y que son una gran mayoría, y que son considerados parte de “la mafia del poder” o contrincantes o “fifís”.

Nadie en su sano juicio desea que fracase López Obrador, pero mientras más pronto se entienda que tarde o temprano habrá desencanto generalizado si solo se gobierna para unos cuantos, (paradójicamente, la acción que en el pasado julio de 2018, motivó  el cambio del poder) tendremos no solo desencanto y  abucheos, sino que perderemos la posibilidad de llevar a cabo un cambio real y fundamentado, liderado por los ciudadanos, las instituciones y por el Presidente para todos y por el bien de todos.

Ojalá alguien en su equipo le diga al presidente que si  piensa que se puede gobernar con encuestas y popularidad, triste democracia es la que nos espera.

Publicado el 25 de marzo en alcaldesdeméxico.com

La narrativa de la Cuarta Transformación

Han pasado los primeros 100 días de gobierno del Presidente Andrés Manuel López Obrador, el cual, dentro de sus compromisos de campaña, mencionó que haría un corte señalando los avances y mejoras que el país ha tenido en estos primeros meses del sexenio.

Al margen de lo que se presente en dicho corte, hay algo que debemos señalar y es la narrativa que AMLO ha usado desde que empezó su carrera por la presidencia en el año 2000 y que hasta la fecha ha imperado y que se ha posicionado como un estilo no solo de narrar, sino de administrar y generar.

El discurso de AMLO, en todo momento, tiene dos bases: es simple y es directo. Es decir, usa un lenguaje que la mayoría entiende y asimila; y directo, porque logra conectar con las audiencias sin mayor explicación. A partir de la diferenciación entre los buenos y los malos; donde él, su gente y el pueblo es bueno, y lo malo es encarnado por los “ricos”, por los “poderosos” o por lo que para él, AMLO, representa lo contrario. Por ello, el uso del concepto CORRUPCIÓN, se ha vuelto el término favorito de este gobierno, ya que a partir de él, genera toda su narrativa ganando así el apoyo de la ciudadanía, pues se erige como el salvador, es decir, si él lo pide, si él lo dice, o si él lo decreta el país cambiará. Tenemos además, que todos los posicionamientos se fundamentan en sus dichos, en sus cifras, en sus datos y creencias, quitando así, de facto, la credibilidad a instituciones, organismos que llegan a contradecir o cuestionar sus dichos. Y esto lo hace relativamente fácil, echa mano de historias, de chascarrillos, de mensajes ambiguos y en cuestión de minutos le quita la atención y pasa a un segundo o tercer tema.

Más allá de la narrativa y el uso de símbolos, tenemos un presidente que en función de su mensaje genera discursos que trascienden y crean agenda y percepción y sobre todo, genera aliados incondicionales, pues al sugerir o dar a entender que si no avanza él y sus programas, es por culpa de los malos, a quien pone nombre y apellido, sin aportar pruebas contundentes y veraces, y que muchas veces, debe desdecirse en el transcurso del día o en la siguiente mañanera.

Todas estas acciones se reflejan en dos activos fundamentales: su imagen y su aprobación presidencial, una de las más altas de la historia reciente del país.

¿Cuál es el reto de esta narrativa? cumplir las altas expectativas que este gobierno ha creado, en el corto y mediano plazo, sino, al término de un año quizás, sea necesario que el gobierno deba cambiar sus estrategias y enfocarse en acciones y no solo mensajes.

Publicado originalmente en https://www.alcaldesdemexico.com/de-puno-y-letra/la-narrativa-de-la-cuarta-transformacion/

Anuncios

RRPP-Eventos- Protocolo – Comunicación social y política

A %d blogueros les gusta esto: